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Una amiga chilena me acaba de mandar esta imagen.
¡Impresionante!
No veo la hora de estar por ahí.
La vista de la foto es desde Puerto Montt.
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La abuela me decía siempre que las mujeres teníamos una ventaja muy grande respecto de los hombres: porque nosotras podemos llorar durante meses, sin que nos afecte.
Mañana salgo bien temprano, y cuando pueda me conectaré.
¿Me olvido de algo? será la pregunta que me haré un millón de veces a partir de ahora.
No estoy segura, pero ir al volcán -o a la zona próxima al volcán, obvio- me parece una idea fantástica y a su vez descabellada.
De acuerdo a lo que siento, será el lugar perfecto para mí.
Vestida de blanco-gris me confundiré con las cenizas, y eso me suena interesante.
¿Me olvido de algo?
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El blog está herido.
Ha perdido tres autoras, y ahora una cuarta (yo) se va a llorar al volcán.
Anoche soñé que caminaba sin rumbo, perdida, entre montañas de mica.
No tiene sentido rogar: ‘Si la oreja está tapada, ¿para quién suena la campana?’ ?אם אוזן ערלה, מה יעשה הפעמון
Esperaré en silencio.
Después de todo, ‘La muerte y la vida están en poder de la palabra’ “מות וחיים ביד לשון
Me vienen a la mente antiguos refranes.
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¿Qué significa esa puerta abierta?
Voy a empujar mi cuerpo un poco más, estoy desnuda y tengo frío.
Es el universo de mujeres, es el deseo que se deja tocar.
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No hay erotismo sin alteridad, sin otra, sin espejos.
Los espejos -en este sentido- son un formidable dispositivo erótico.
Si el erotismo es encuentro o desencuentro -como quiera verse- siempre requiere de otra.
Y el espejo me devuelve, me brinda como otra, o brinda a la otra como mismidad: me encuentro en la otra o me pierdo en la otra.
Yo mujer y mi imagen, mi reflejo se con-funde, se funde, me miro desde el espejo, y soy yo y mi reflejo.
Mi reflejo me hace el amor desde el espejo. Me acaricia, me habla, me comprende, me posee, me llora y me despoja, toma la iniciativa y yo la reflejo.
Somos dos.
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