Coscorrones Sexología Empírica

Diciembre 29, 2007

La Guerra del Opio no terminó.

Archivado en: cocaína, drogas, opio — Felicitas @ 10:31 am

En la primavera de 1839, ante el alarmante y desenfrenado abuso del comercio del opio, causante de trágicos estragos en millones de familias de China, el Emperador Daoguang ordena a Liu Xexu que combata rápidamente esta terrible plaga.
Los más importantes comerciantes de opio son detenidos y condenados a muerte mientras en Junio de este mismo año, más de 20.000 cajas de opio son confiscadas y quemadas iniciándose de esta manera la primera y más impresionante destrucción de droga de la historia.
Los comerciantes ingleses declaran ante el gobierno británico que su mercancía ha sido quemada por orden del Emperador y exigen una satisfacción en lo personal y sobre todo en lo económico.
El parlamento británico se reúne urgentemente y, después de 271 votos a favor y 262 en contra, se ordena declarar la guerra a China.

Como consecuencia del ataque a las Torres Gemelas, Estados Unidos invadió Afganistán a finales de 2001 con el objeto de derrocar el gobierno talibán, bajo cuya protección se habían desarrollado los grupos de Al Qaeda.
El tenebroso régimen de los talibán fue destruido y los milicianos de Osama bin Laden tuvieron que huir a las montañas de Tora Bora y a las regiones adyacentes de Paquistán.
Sin embargo, a pesar de sus éxitos iniciales, en los últimos años USA y sus aliados se han visto envueltos en una compleja guerra que los enfrenta a dos adversarios -un renacido terrorismo talibán y el tráfico de narcóticos- cuyos intereses, tradicionalmente divergentes, hoy en día coinciden y se complementan en su lucha contra las tropas extranjeras.
En la actualidad, Afganistán es de lejos el principal exportador de opio, o sea la base de la heroína, con un 92% del suministro mundial y una producción de amapola que en 2006 superó las 6.000 toneladas métricas, un 57% más que el año anterior.
Según la ONU, en 2007 se registró un incremento adicional del 15%.
Se calcula que más de 200.000 hectáreas están sembradas con adormidera y que alrededor de un 10% de la población total de 27 millones de habitantes se dedica al cultivo de la planta.
Más de la mitad del PBI del país (aproximadamente 3.100 millones de dólares) proviene de las acciones relacionadas con el narcotráfico.
Para un labriego afgano la diferencia entre sembrar amapola y cualquier otro producto es inmensa, especialmente en un país con altísimos niveles de pobreza y marginalidad.
Así, una hectárea de adormidera genera un beneficio cercano a los 4.500 dólares anuales, contra apenas 400 de la misma superficie sembrada con trigo.
En las zonas controladas por los talibanes y aun en aquellas en las cuales apenas empiezan a extender su dominio, éstos han establecido estrechos vínculos con las organizaciones criminales del narcotráfico con el doble propósito de ganar amigos para el combate contra Estados Unidos y obtener fondos suficientes para financiar su causa.
Esto lo logran a través del cobro de “impuestos de guerra”, tanto a los cultivadores como a los traficantes, y mediante la protección militar a las plantaciones, a los laboratorios y a las rutas por las cuales salen al exterior el opio y la heroína.
Solo la apartada y empobrecida provincia de Helmand, controlada por los talibán, produce hoy tanta o más droga que países como Birmania o Marruecos.

De esa magnitud es el negocio.
La gran paradoja de esta historia es que en Afganistán la guerra contra las drogas está perjudicando la guerra contra el terrorismo.
O mejor dicho, la guerra contra las drogas está beneficiando tanto a los narcotraficantes como a los talibán.
Al igual que otras partes del mundo, la alianza entre los grupos terroristas y el crimen organizado es una realidad en Afganistán y los primeros han descubierto una fuente inagotable de financiación y cierto respaldo en no pocos sectores de la población que viven de los cultivos ilícitos.
Y lo más grave es que Estados Unidos no sólo no alcanzó ninguna de sus metas sino que el gobierno de Afganistán es cada día más débil y más corrupto, los talibán resurgieron de las cenizas y el negocio de la heroína es más próspero que nunca.
Cualquier semejanza entre el Talibán y Afganistán, con las FARC y su narco-santuario, es sólo una coincidencia…
El opio puro de Turquía y Líbano llega hasta Córcega, de donde es transportado a Montecarlo con la connivencia de la familia Grimaldi, ya que Mónaco es el centro de procesamiento de opio más importante del mundo, pero eso ya es otra historia.

1 comentario »

  1. [...] información sobre la guerra del pio en  Coscorrones I y [...]

    Pingback por Fue Bhutto otra víctima de la guerra del Opio? « NUEVA EUROPA — Enero 1, 2008 @ 10:57 pm

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