Lo dice hoy Carlos Alberto Montaner:
Para las FARC, la liberación de las dos mujeres y del niño nacido en cautiverio conlleva seis objetivos:
-Demostrar flexibilidad y mejorar su incómoda imagen de asesinos y narcotraficantes.
-Obligar al odiado Gobierno de Uribe a reconocerles cierta legitimidad.
-La admisión, aunque sea provisional, de “zonas de despeje”.
-La introducción en el conflicto de factores internacionales que les son favorables.
-Respaldar y complacer a Hugo Chávez, el más valioso de sus cómplices.
-Y, acaso, dar un paso hacia la táctica que les propone el venezolano: respaldar a un candidato afín en las elecciones del 2010, como ya apuntó recientemente Raúl Reyes, la cabeza política de las FARC. Prepararse, en suma, para lograr en las urnas lo que no han conseguido con cuatro décadas de violencia.
Tras esa hipotética victoria seguiría el acostumbrado guión: una nueva Constitución y la progresiva y total desarticulación de los mecanismos democráticos republicanos.
Lo que nadie puede explicarse es qué hace un personaje como Nicolás Sarkozy en un barrio tan peligroso y en compañía tan poco recomendable.
De Sarkozy, presidente de Francia, uno esperaría una conducta más seria.
Debe saber que el Consejo de la Unión Europea, con muy buenas razones, ha declarado terroristas a las FARC, una nutrida banda integrada por miles de personas dedicadas a la extorsión, el narcotráfico, los secuestros y los asesinatos, cuyo declarado objetivo, lo que constituye un serio agravante, es crear un manicomio colectivista de corte soviético cuando consiga ocupar el Palacio de Nariño.
¿Dónde está la coherencia de una diplomacia que hace pocas semanas advertía sobre la peligrosidad de Irán y hoy se interna en la selva colombiana de la mano del gran aliado de Ahmadinejad en el mundo?
¿Cómo es posible que la misma Francia que en Europa contribuye leal y eficazmente a la persecución de ETA, en América Latina caiga en la ingenuidad de bailar al son que tocan los narcoterroristas colombianos?
Uno, claro, se alegra por la liberación de los rehenes y por sus familiares, pero sin olvidar ni un momento que esta operación montada por Chávez y por las FARC no está dirigida a fomentar la paz en Colombia, sino a debilitar aún más la precaria estabilidad del Gobierno legítimo de Uribe, y a contribuir a la demolición de la frágil democracia que, no se sabe cómo, subsiste en el torturado país.
Uno, que conoce la fauna de la región y no se hace ilusiones, también puede entender el comportamiento irresponsable de Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia (ignoro por qué no invitaron a Daniel Ortega al aquelarre), pero Francia debe ser mucho más que una desordenada y caótica República gobernada con la punta de una banana.
Francia debería ser otra cosa.
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No sabemos por qué Montaner piensa que del Presidente de Francia se debería esperar algo más.
Nos suena a un prejuicio.
Lo mismo sucede con la consideración que aquí se tiene con las mujeres francesas.
Todo el mundo piensa que son sinónimo de glamour y elegancia, siendo que forman el colectivo occidental que menos gasta en perfumes, jabón y desodorantes, que jamás se depilan, y que se cambian la bombacha una vez por semana.